Arcángel Gabriel. Con ritual de petición.

ARCÁNGEL GABRIEL, VERDAD Y PUREZA.

Él es el Mensajero Divino: anunció el nacimiento de Jesús y de Juan El Bautista y entregó el Corán a Mahoma. Pero no es solo un ángel mensajero pues fue quien Dios envió para explicarle al profeta Daniel el significado de sus visiones, por lo cual Gabriel es también un ángel asociado a la clarividencia; y a la muerte, pues acompaña a las almas de los fallecidos según el misticismo judío.

Él es el Mensajero Divino: el que anunció el nacimiento de Jesucristo y de Juan El Bautista, el que fue enviado por Dios para explicarle al profeta Daniel el significado de sus visiones y el que dictó el Corán a Mahoma. Su nombre (“Gebher” en el original hebreo) ha sido interpretado de formas variadas pero semejantes en sentido: “Fortaleza de Dios”, “Dios es mi fuerza”, “Hombre de Dios”, “Héroe de Dios”; o, en el caso de su nombre islámico “Djibril”, como “El Espíritu Fiel”. Varios son también los títulos que se le han dado para expresar sus funciones y los atributos que forman su esencia: Ángel de la Anunciación, Ángel de la Revelación, Ángel de la Verdad, Ángel de la Pureza, Ángel de la Encarnación, Ángel de la Resurrección, Ángel del Gozo, Portador de Buenas Nuevas, Ángel del Consuelo, Ángel de la Misericordia

En la tradición judía existe la creencia de que Gabriel se sienta a la izquierda de Dios y es gobernador del Edén; dentro de la angeología actual, hay quienes sostienen que es jefe de los Ángeles de la Guarda y, ya en un marco de consenso general, que es también él quien dirige a los Ángeles de la Pureza, papel éste originado en la asociación que se ha hecho de él con la Virgen María.

Muchos expertos en el tema de los ángeles han planteado que, en virtud de su rol de Mensajero Divino, Gabriel es el arcángel más cercano a la Humanidad, por lo cual se le ha llamado “Embajador Jefe ante la Humanidad”. Ligado igualmente a su papel de comunicador, se ha planteado que Gabriel es el responsable de cierto tipo de gestión en las relaciones humanos/ángeles, humanos/Naturaleza y humanos/humanos.

Dentro del esoterismo moderno, se considera a Gabriel como el arcángel de las emociones, la fecundidad, la creatividad y las artes, además de cómo el ángel de la pureza, el nacimiento, la resurrección, las revelaciones y todos los otros papeles que se le han atribuido en el marco del cristianismo.

Inherente a todo lo anterior es el hecho de que, la ayuda espiritual que Gabriel puede brindar a los seres humanos, reside principalmente en el poder que tiene para conducirlos hacia un camino de purificación en el que los sentimientos y las emociones puras van creciendo cada vez más en compañía de los pensamientos elevados, encaminando así al alma individual hacia la bondad y el amor de El Creador, de modo que, en el transitar por dicho sendero, los vicios, el odio, los hábitos mundanos y todo ese tipo de cosas van quedando atrás, no ya en virtud de un proceso de represión sino en virtud de un proceso en el que la inspiración espiritual ha ido haciendo que las tendencias de la luz vayan progresivamente reemplazando a las tendencias de la oscuridad, todo a modo de una alquimia energética de ascensión espiritual en la cual la labor del arcángel Gabriel ha seguido una dinámica intrínsecamente asociada a incrementar —recuperando en los casos en que se ha perdido— la inocencia, la pureza y la alegría propia de aquellos primeros años de vida.
Se le invoca para pedir dirección, claridad y verdad, la revelación del plan y la misión de tu vida, para pedir alegría organización y purificación tanto en tu nuestra vida emocional como física.
Su día es el lunes y sus horas de preferencia la 1 am y las 10 pm.
Se le ofrece una vela blanca o plateada, y se enciende en un altar en el que habremos colocado un vaso de agua , un elemento del mar (una concha o caracola) y un cuarzo blanco que ayudará a la purificación.
Antes de encender la vela meditaremos unos minutos, primero agradeciendo cuantas bendiciones tengamos en nuestra vida y después solicitando su energía e intervención para que nos asista en el problema que nos ocupa comunicándoselo lo más claramente posible.
Encenderemos el incienso, musgo blanco es el ideal.
Después colocamos la vela en el altar y, orientados hacia el oeste la encendemos con una cerilla de madera y dejaremos que se consuma por completo.
Los restos de cera los podemos envolver con una servilleta de papel y echarlos a la basura. Su cantidad y forma nos orientará sobre la resolución del problema. A más restos más obstáculos y viceversa.
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